
CASA DE TERUEL EN ZARAGOZA

Historia de Teruel
Teruel es una de las capitales de provincia más pequeñas de España, pero su historia es sorprendentemente rica. Situada en Aragón, en una meseta elevada y rodeada de paisajes agrestes, la ciudad ha sido cruce de caminos entre la meseta castellana, el Levante y el valle del Ebro. Su origen se remonta a la Edad Media, cuando fue fundada en el siglo XII tras la reconquista cristiana, sobre antiguos asentamientos musulmanes y, antes de ellos, poblados celtíberos y romanos en la zona.
- FUNDACIÓN Y FUEROS
- En los tiempos de la fundación, poblar en la extremadura aragonesa no era tarea fácil. El lugar era frontera frente a la taifa musulmana de Valencia y avanzadilla para su conquista. En un territorio inseguro, como el turolense del siglo XII, no era fácil atraer a gentes dispuestas a instalarse y a defenderlo. La monarquía aragonesa tuvo que dotar a la villa de unos Fueros que otorgaban amplios privilegios a las gentes que en ella se asentaban y que la convertían en cabeza de una amplísima Comunidad de aldeas. En 1347, el rey Pedro IV de Aragón, conocido como el Ceremonioso, le otorgó el título de ciudad.
- El periodo medieval fue de un gran desarrollo para Teruel, llegando a alcanzar la importante cifra de 6.000 habitantes, pero las grandes pestes de la Baja Edad Media, que de manera tan grave afectaron a los reinos peninsulares y al resto de Europa, supusieron para Teruel un periodo de declive económico y un importante retroceso de su población.
- Cuando en 1483 se estableció el Tribunal de la Inquisición en los dominios aragoneses la ciudad de Teruel mostró una clara resistencia ante tal tribunal. En parte porque recortaba sus fueros, pero también porque la economía de la ciudad estaba en gran medida en manos de quienes más podían sufrir las consecuencias.
- En el siglo XVI se produjeron fuertes tensiones en la ciudad porque las fuerzas locales se negaban a aceptar la reforma del fuero por Felipe II. Durante esta época hay un fortalecimiento de la iglesia turolense cuando se funda en 1577 el obispado de Teruel.
CIUDAD MEDIEVAL
Durante la Edad Media, Teruel prosperó como ciudad fronteriza entre reinos cristianos y territorios musulmanes. De esa convivencia y de la influencia islámica surgió su famoso arte mudéjar, visible en torres, iglesias y en la propia silueta urbana. Las torres de San Martín, San Salvador o la Catedral son ejemplos emblemáticos de este estilo, que ha sido reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. La ciudad se convirtió en un importante centro artesanal y comercial, con fueros propios y una notable autonomía.
Restos arqueológicos anteriores a la fundación de Teruel se encuentran en el Alto Chacón, yacimiento ibérico próximo a la ciudad, o en las referencias a Tirwal, fortaleza musulmana que se asentaba en la parte alta de la población actual.
Alrededor de la ciudad, la muralla. De sus viejas puertas aún podemos visitar el portal de Daroca, conocido como la Andaquilla, o el de San Miguel, también llamado de la Traición. De sus torreones hay que conocer los que se encuentran en la Ronda, como el de San Esteban, el de Ambeles, el más hermoso, el del Rincón, o el de la Lombardera, el de mayor altura. Mención especial para el torreón del Agua, recientemente restaurado. Por él llegó el agua a la ciudad a través del acueducto de los Arcos en el siglo XVI. Junto al puente de la Reina está el torreón de la Unión y, a no mucha distancia, el que defiende el portal de la Andaquilla. Entre unos y otros torreones se encuentran interesantes paños de la muralla, algunos pendientes de recuperar.
Fuera del centro histórico la ciudad posee lugares de interés histórico, cultural, paisajístico o de otra índole, que se pueden encontrar en otros apartados. A ellos les remitimos.
Casco histórico
EMPLAZAMIENTO PRIVILEGIADO
En una muela próxima a la confluencia de los ríos Guadalaviar y Alfambra, se levanta la ciudad de Teruel por encima de los novecientos metros de altitud. Dentro de su recinto amurallado, el viajero puede descubrir una de las ciudades más hermosas de España.
La ciudad conserva un centro histórico digno de un pausado recorrido. La arteria principal de la ciudad, partiendo de la Ronda y a través del Tozal, cruza las plazas del Torico y de la Catedral y se extiende hacia el Óvalo, la Glorieta y los Viaductos. Es una zona con abundancia de comercios, oficinas y servicios de hostelería. No faltan maravillas de la arquitectura como el Museo Provincial, que fue la antigua casa de la histórica Comunidad de Teruel, la torre de El Salvador, edificios modernistas o la Escalinata neomudéjar. La fuente del Torico, lugar donde se fotografían los visitantes para tener testimonio de su visita está en la plaza de su nombre, en la que también se encuentran unos Aljibes subterráneos de la época medieval.
A la izquierda está la parte alta, la más antigua. En ella las calles se desparraman sin geometría definida y llenas de encanto. Es un placer pasear por ellas cuando el calor aprieta. Esta parte es rica en lugares de interés como San Pedro o el Mausoleo de los Amantes.
A la derecha se encuentra la parte llana de la ciudad. Sus calles son rectas y en forma de parrilla. Es rica en edificaciones de bella arquitectura como el Ayuntamiento, la Catedral, la torre de San Martín o el edificio de Correos.
Edad Contemporánea
En la Edad Moderna, Teruel sufrió altibajos económicos y demográficos, afectada por guerras, crisis agrícolas y la expulsión de los moriscos. Sin embargo, mantuvo su papel como núcleo administrativo y religioso de la provincia.
El siglo XIX fue rico en acontecimientos. Durante la Guerra de la Independencia la ciudad fue ocupada por las fuerzas francesas hasta 1813. En las guerras carlistas, la ciudad se alineó con el bando liberal y, en la tercera, sus murallas aguantaron el asedio al que fue sometida. Aun así, Teruel conservó su trazado medieval y buena parte de su patrimonio arquitectónico.
Fue a finales de este siglo y principios del XX cuando como consecuencia de un cierto desarrollo de la burguesía local, la ciudad conoció un periodo de prosperidad económica. Fruto de este enriquecimiento es el rico patrimonio modernista que la ciudad posee.
Durante la Guerra Civil de 1936-39, Teruel fue escenario de una de sus batallas más sangrientas. La ciudad fue escenario de uno de los combates más duros y cruentos del conflicto, con intensos bombardeos, lucha casa por casa y un invierno extremadamente frío. Gran parte del casco urbano quedó destruido y tuvo que ser reconstruido en las décadas posteriores, combinando la recuperación de edificios históricos con nuevas construcciones de estilo racionalista.
Los acontecimiento bélicos, unidos a unas bajas temperaturas, dejaron cicatrices difíciles de curar en ambos bandos. Tras la llegada de la democracia, la ciudad trata de incorporarse al crecimiento económico del país con el desarrollo de las comunicaciones.
En las últimas décadas, Teruel ha apostado por poner en valor su patrimonio histórico y cultural. Además del mudéjar, la ciudad es conocida por la leyenda de los Amantes de Teruel, una historia de amor trágico del siglo XIII que se ha convertido en símbolo de la ciudad y en motor de fiestas y recreaciones históricas. También se ha impulsado el turismo ligado a la paleontología y a los dinosaurios en la provincia, así como la gastronomía, con productos como el jamón de Teruel con denominación de origen.
Hoy, Teruel combina su carácter tranquilo y su tamaño humano con una identidad muy marcada. Sus calles empedradas, plazas porticadas y miradores recuerdan constantemente su pasado medieval, mientras que sus museos, festivales y proyectos culturales miran al futuro. A pesar de los retos demográficos y económicos, la ciudad ha sabido reivindicar su lema no oficial, “Teruel existe”, como una llamada a reconocer el valor de su historia, su patrimonio y la vida en este rincón singular de Aragón.
Qué ver en Teruel capital
Teruel es una ciudad pequeñita y coqueta, en la que disfrutarás paseando por sus calles y accediendo a sus principales monumentos.
Teruel capital tiene un interesantísimo patrimonio de la Edad Media, época en la que la ciudad tuvo su particular "edad de oro". Durante la Edad Media Teruel se convirtió en un núcleo de convivencia entre las culturas cristiana, musulmana y judía. De hecho, algunos de los monumentos que podrás ver en Teruel capital de esta época están declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
También podrás ver bastantes edificios de estilo modernista, que adornan las calles del centro con sus suntuosas decoraciones basadas en motivos vegetales entre otros.
Te proponemos una lista con todo aquello que no puedes dejar de ver en tu visita a Teruel capital:
* Torres Mudéjares:
En Teruel capital podemos ver 4 torres mudéjares más destacables: la Torre de la Catedral, la Torre de San Pedro, la Torre del Salvador y la Torre de San Martín.
Todas ellas fueron construidas en el la época medieval, aunque en diferentes momentos, hecho que podemos apreciar al ver cómo evolucionan las técnicas de construcción entre la más antigua y la más moderna de ellas.
La Torre de San Pedro fue la primera de todas ellas en construirse. Esta torre ejerce las funciones de campanario de la Iglesia de San Pedro, lugar en donde se encontraron las tumbas de los Amantes de Teruel, y que se encuentra adosada a lo que hoy en día es el Mausoleo de los Amantes.
Como curiosidad de esta torre, podemos buscar en la fachada principal de la misma (la que da hacia la zona de los Amantes), una Mano de Fátima.
Las Torres Mudéjar de Teruel: Omar y Abdalá.
Leyenda de Omar y Abdalá: Amor, Rivalidad y Arte en el Teruel Mudéjar.
¿Qué tienen de especial las torres de Teruel?
Teruel es de esas ciudades que parecen sacadas de un libro antiguo. Pequeña, con encanto, y con un patrimonio que no se ve todos los días. Si alguna vez has paseado por sus calles, sabrás que lo que más llama la atención son esas torres altas de ladrillo rojo y cerámica que se levantan como si quisieran tocar el cielo. Son las famosas torres mudéjares, y aunque ya de por sí son espectaculares, lo mejor es que esconden una leyenda que lo tiene todo: amor, rivalidad, arquitectura y drama.
Dos arquitectos, un amor imposible y un desafío
La historia nos lleva varios siglos atrás, a la Edad Media. Por entonces, Teruel era una ciudad en la que convivían tres culturas: cristianos, musulmanes y judíos. En medio de esa mezcla, floreció el estilo mudéjar, una fusión de arte islámico con estructuras cristianas que dio lugar a edificios únicos.
Aquí es donde entran en escena Omar y Abdallah, dos jóvenes arquitectos mudéjares que no solo compartían talento, sino también algo más complicado: el amor por la misma mujer, la bella Zoraida.
El reto que lo cambió todo
Zoraida era inteligente, guapa y de fuerte carácter. Vamos, que no se dejaba conquistar tan fácilmente. Su padre, viendo que los dos pretendientes eran igual de válidos, lanzó un desafío:
—«Quien construya antes la torre más hermosa, se casará con mi hija.»
Y así, sin más, comenzó la competencia que cambiaría para siempre el paisaje de Teruel.
El Desafío de Construir el Amor
Con el corazón en juego, Omar y Abdallah se pusieron manos a la obra. Uno comenzó a levantar la Torre de San Martín y el otro, la Torre de El Salvador. Sin que uno supiera qué estaba haciendo el otro, construyeron durante meses, con mimo, detalle y, claro, un poco de orgullo.
Día y noche, ambos entregaron su alma a las obras, cegados por el deseo de conquistar a Zoraida. Sin embargo Omar, decidió burlar las reglas. Durante las noches, continuaba construyendo bajo la tenue luz de las estrellas.
La Tragedia de Omar
Omar terminó su torre antes que Abdalá. La ciudad entera se congregó para admirar su obra. Con los andamios retirados, la belleza de la Torre de San Martín dejó a todos sin palabras. Pero en medio de la celebración, Omar notó algo que le heló la sangre: ¡LA TORRE ESTABA INCLINADA!.
Las prisas y el trabajo nocturno habían provocado un fallo imperdonable. Incapaz de soportar la vergüenza, Omar ascendió a lo más alto de su obra y se arrojó al vacío, dejando tras de sí una leyenda trágica que perdura hasta hoy.
El Triunfo de Abdalá
Días después, Abdalá concluyó su torre. Recta, perfecta y deslumbrante, la Torre de El Salvador se convirtió en el orgullo de la ciudad. Mohamad, cumpliendo su palabra, entregó la mano de Zoraida a Abdalá.
Un Legado Inmortal
Hoy, las torres de San Martín y El Salvador siguen siendo joyas arquitectónicas que cautivan a visitantes de todo el mundo. Su belleza y su historia nos transportan a una época en la que el amor, la ambición y el arte convivían entre las calles de Teruel.
Teruel Mudéjar
La Torre de la Catedral se encuentra adosada a la Catedral de Teruel, medieval y de estilo mudéjar. Un poco más abajo podéis encontrar más información de la catedral.
Las Torres de San Salvador y de San Martín son torres gemelas, muy parecidas entre sí. La principal diferencia entre ambas la encontramos en la parte superior, ya que el remate de cada una de las torres es diferente.
La Torre de San Salvador es visitable, y podemos subir por las escaleras hasta arriba del todo. En la subida encontraremos varios descansos con las explicaciones de la torre, y, una vez arriba, podremos disfrutar de unas buenas vistas de Teruel desde lo alto.
* Catedral de Teruel
La Catedral de Teruel (Catedral de Santa María de Media Villa) es una de las visitas obligadas que hay que hacer en un viaje a Teruel capital.
Es una catedral que data del siglo XIII, de estilo mudéjar, con una torre campanario en su lateral.
Es especialmente importante destacar el artesonado de la catedral, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. En esta techumbre de madera policromada podemos encontrar diferentes figuras pintadas que nos acercan a cómo se vivía en la Edad Media en Teruel. Este patrimonio único es especialmente importante para desgranar parte de la historia de la ciudad, ya que allí podemos encontrar figuras de todo tipo: desde aquellas que representan el día a día de los habitantes de la ciudad, escenas que representan fiestas y tradiciones, oficios de la época, etc.
A partir de estas pinturas hemos podido comprender mucho mejor cuál era la forma de vida de los habitantes medievales de la ciudad de Teruel. Son como un alucinante viaje en el tiempo hasta el medievo, para observar multitud de escenas cotidianas.
Merece la pena hacer una visita guiada a la catedral para subir a la zona superior de la misma y ver desde allí el artesonado iluminado, y que el guía turístico nos explique las escenas más importantes del artesonado.
* Mausoleo de los Amantes
El Mausoleo de los Amantes es uno de los lugares más turísticos de Teruel. Allí se encuentran las momias de los Amantes de Teruel, acompañadas de diferentes paneles que nos cuentan la asombrosa historia de amor de la leyenda.
Este Mausoleo se encuentra en el edificio anexo a la Iglesia de San Pedro, y al contratar la entrada para acceder podemos escoger una entrada combinada para visitar ambos lugares.
* Plaza del Torico
La Plaza del Torico es el centro neurálgico de la ciudad de Teruel. Se trata de una plaza tranquila, ubicada en pleno centro y peatonal.
En el centro de esta plaza se encuentra la estatua del Torico, un símbolo muy querido por todos los turolenses. Se trata de un pequeño toro, de apenas 45 centímetros de largo, chiquitito y de bronce, encima de un pedestal que preside la plaza. Cuenta la historia que la ciudad de Teruel se fundó en el lugar donde se vio un toro justo debajo de una estrella, lugar donde ahora estaría esta plaza.
Esta plaza porticada está llena de terrazas en las que podemos sentarnos a descansar después de nuestra visita.
* Plaza de San Juan
La Plaza de San Juan es una plaza de origen civil, con edificios porticados. Junto con la Plaza del Torico forma la zona más emblemática del centro de la ciudad de Teruel. Allí podemos pasear o tomar algo en sus terrazas, disfrutando de la tranquilidad de esta plaza peatonal con una fuente en medio.
* Viaductos
El centro de Teruel capital se encuentra ubicado en una meseta. La ciudad se ha expandido a los alrededores, y dos enormes viaductos unen la zona del centro con el Ensanche de la ciudad.
Podemos hacer la visita a los viaductos por encima de ellos, dando un paseo, o bajar a la parte baja de la ciudad para observarlos desde abajo.
* Dinópolis Teruel
Dinópolis es un parque temático dedicado a los dinosaurios y a la evolución de la Tierra, que además alberga en sus instalaciones al museo paleontológico más grande de Europa.
Es una visita obligada, tanto si vamos con niños como si vamos sólo adultos, ya que hay actividades y exposiciones adaptadas a todos los públicos.
* Museo Provincial de Teruel
El Museo provincial de Teruel es también un lugar muy recomendable de visitar. Allí podemos encontrar exposiciones de diferentes temáticas repartidas en cada una de sus plantas, muy interesantes. La entrada es gratuita y encontraremos piezas muy interesantes encontradas en la provincia de Teruel.
Pueblos de Teruel con encanto
Si vas a viajar a la provincia de Teruel no te puedes perder estas visitas. Son pequeños pueblecitos cuyas calles están llenas de encanto y de historia. Déjate llevar por las sensaciones y descubre estas pequeñas joyas escondidas a lo largo de toda la provincia.
Albarracín, el pueblo más bonito de España.
No podíamos comenzar este listado de pueblos con encanto en Teruel por otra parte que no fuera Albarracín. Considerado el pueblo más bonito de España nos sorprenderá por su arquitectura medieval, por sus casas de color rojizo, por sus callejuelas estrechas, sus ventanas de forja, su río y sus murallas…
Pasear por Albarracín es como perderse en un cuento. Este pueblo de origen medieval nos sorprende por su peculiar forma de aprovechar el preciado espacio dentro de la zona de la muralla. El espacio era escaso y las calles son muy estrechas. Las casas no tienen las paredes rectas, sino que comienzan con una base estrecha y se van ensanchando conforme ganan altura, dando lugar a su peculiar forma. Algunas de las casas se encuentran medio colgadas en el barranco, y todas ellas forman un conjunto histórico muy peculiar. Destacamos también el color rojizo de las casas, debido a la utilización de piedra de rodeno, muy abundante en esta zona.
En Albarracín llama la atención también su forja, que podemos encontrar en la mayoría de ventanas y puertas.
Dentro de Albarracín podemos visitar:
- Un paseo por sus calles y por su plaza porticada
- Catedral y su retablo
- Murallas
- Paseo fluvial del río Guadalaviar
- Trebuchet Park (exposición de armas de asedio)
- Mar Nummus (sede de Dinópolis en Albarracín)
- Museo diocesano, Museo del Juguete, Museo de Albarracín, Torre Blanca, Museo de la Forja.
Rubielos de Mora, el pueblo de las casas solariegas
Rubielos de Mora es otra de esas pequeñas joyas que esconde la provincia de Teruel. Sus casas-palacio, sus monumentos, sus calles, sus esculturas… Rubielos de Mora es uno de esos pueblecitos en los que da gusto perderse y pasear por sus calles.
Os recomendamos entrar en la zona del casco antiguo por el arco de entrada, que va a parar a la plaza. Allí, en la plaza encontraréis la oficina de turismo, en donde podéis pedir que os den un mapa con el recorrido de las casas solariegas, que podéis seguir para realizar la visita. Así, siguiendo su mapa, no nos perderemos ni una sola de estas preciosas casas que se extienden a lo largo de todo el pueblo.
Mora de Rubielos, el pueblo con un castillo imponente
Mora de Rubielos es también uno de esos pueblecitos imprescindibles en nuestra visita a los pueblos con encanto de Teruel. Se encuentra muy cerquita de Rubielos de Mora, así que podéis hacer la visita a ambos pueblos en el mismo viaje.
Mora tiene un imponente castillo, que corona lo más alto del pueblo. Es 100% recomendable hacer la visita por el interior del castillo, ya que está muy bien restaurado y nos va a sorprender su patio de armas, sus caballerizas, sus mazmorras, los sótanos, … Además allí podemos encontrar una enorme exposición de máquinas de asedio, que nos ayudará a comprender mejor la labor de los grandes muros del castillo y cómo eran las batallas medievales que allí se libraron.
Dentro de Mora de Rubielos no podemos dejar de visitar su preciosa iglesia, su plaza, sus bonitas calles,…
Os recomendamos pasear por todo el pueblo para descubrir los rincones más secretos de este precioso pueblo con encanto.
Valderobres, un pueblo que es 100% encanto
Valderrobres es uno de esos pueblecitos preciosos que no podemos dejar de visitar. Un pueblo precioso, con calles de piedra, un enorme castillo presidiendo el pueblo desde lo alto, un río que lo atraviesa, y multitud de calles y casas con encanto.
El castillo, la plaza, la enorme iglesia, las calles, … seguro que esta visita os sorprende.
Si vais en coche podéis aparcar en la parte baja del pueblo, en donde enseguida encontraréis su famoso puente de entrada, viendo así una estampa preciosa del pueblo con el castillo y la iglesia en lo alto.
Pasear por las calles de Valderrobres es toda una experiencia: sus calles son preciosas, sus fachadas de piedra, sus aleros de madera con decoraciones, sus balcones y rejas de forja, … Podemos encontrar casas de diferentes épocas y en las que diferentes culturas han dejado su huella.
Su plaza es uno de los sitios más agradables de este pueblecito con encanto. Se trata de una plaza porticada, en la que podemos encontrar preciosas casas.
Ya en lo alto de Valderrobres tenemos su iglesia y su castillo, ambos visitables y que merecen la pena ver por dentro.
Cantavieja, el pueblo encaramado en la montaña
Cantavieja es uno de los pueblos con más encanto de la provincia de Teruel. Escondido en las montañas, con un acceso difícil, encontramos este precioso pueblo que parece sacado de un cuento.
Lo primero que nos llama la atención es su ubicación, colgado en lo alto de la montaña, mostrando un impresionante paisaje que nos sorprende incluso antes de llegar. Un acantilado en el borde del pueblo nos muestra esta impresionante defensa natural con la que cuenta.
Una vez dentro del pueblo no paramos de asombrarnos: Cantavieja tiene calles preciosas, con aleros de madera, callejones empedrados, una enorme iglesia y muchos monumentos y casas que vale la pena destacar. Sin duda vale la pena perderse por sus calles, pasear y descubrir cada uno de los rincones con encanto que Cantavieja esconde.
Desde su preciosa iglesia, hasta su plaza, sus miradores, sus casas nobles o los restos de un castillo templario. Cantavieja sorprende por su belleza y su encanto a sus visitantes.
Alcañiz, pueblo majestuoso
Alcañiz es un pueblo bastante grande y que tiene impresionantes edificios: su castillo, su iglesia, sus calles, sus plazas, sus casas. Si visitas Alcañiz te recomendamos no perderte ninguno de estos lugares.
Mirambel, pequeño pero encantador en todos sus rincones
Mirambel es un pueblecito muy chiquitín enclavado en lo más profundo del Maestrazgo turolense. Se trata de una visita corta, pero con muchísimo encanto. En sus calles encontramos muchísimas casas de piedra que merecen la pena, con todos los detalles cuidados, desde sus balcones de forja llenos de flores, sus aleros de madera, su fachadas de piedra, el Portal de las Monjas como entrada principal al pueblo, o su enorme iglesia.
Además de todos estos pueblos que hemos nombrado aquí, la provincia de Teruel está llena de pequeños pueblecitos con mucho encanto, en los que perderte paseando por sus calles o disfrutar de la calma al mismo tiempo de recorres la historia de sus preciosas callejuelas y casas.
La Leyenda de los Amantes de Teruel: Un Amor para la Eternidad
Cuenta la leyenda que Isabel y Diego crecieron y jugaron juntos en el Teruel del siglo XIII. Ambos eran de familias nobles de la ciudad. Ella, hija de Don Pedro de Segura, un rico comerciante. Y él, de los Marcilla, una familia de linaje pero que había perdido su gran hacienda por culpa de una plaga de langostas que asoló la comarca en 1208. Los dos amigos fueron creciendo y con ellos el amor que sentían el uno por el otro.
Un día decidieron que podían sellar su amor con el matrimonio, así que Diego pidió la mano de Isabel. Pero a don Pedro de Segura no le agradó la idea en absoluto. No podía permitirse casar a su hija con un mozo de inferior linaje al suyo. Los dos enamorados quedaron desolados. Hasta que surgió una posibilidad de resolver el entuerto. No se sabe muy bien de quién fue la idea, si de Isabel y Diego o del padre de ella. El caso es que se les dio una oportunidad: Isabel esperaría durante cinco años a que Diego consiguiera dinero y honores. Con los cinco dedos de su mano derecha hicieron el juramento de esperar hasta el regreso de Diego, incluso para darse un beso.
Diego marchó a las cruzadas a luchar. Dicen que pasó por las Navas de Tolosa e incluso por Muret. Durante cinco largos años quedó Isabel sola, esperando y sin saber cuál sería la suerte de Diego. Cuentan que los soldados que regresaban de la batalla de Muret relataban que allí no quedaba nadie vivo. Se dice, incluso, que la familia de Segura pagó a un pobre granuja de Teruel para que hiciera correr la voz de que él mismo había visto caer a Diego en el frente. De una u otra forma, el caso es que tales fatalidades llegaron a oídos de Isabel.
Viendo que ya se cumplían los cinco años acordados y que su padre la apremiaba a casarse, la joven aceptó finalmente la proposición de don Pedro de Azagra. Pretendiente favorito de su padre y poderoso señor de Albarracín. A los cinco años y un día de aquella promesa que unos jóvenes amantes se hicieron, la ciudad entera se engalanó para celebrar unos grandes esponsales. Todo era jolgorio y alegría, todos gozaban felices, salvo Ia pobre Isabel.
Y por los caprichos del destino, justo aquel día, Diego conseguía regresar a Teruel. Sano y salvo, con honores y riquezas y con la ilusión de reunirse por fin con su amada Isabel. El repicar de campanas, la música y algaradas llamaron su atención y preguntó qué estaba pasando. Le anunciaron que la ciudad celebraba el casamiento de Isabel de Segura con don Pedro de Azagra, señor de Albarracín. En ese instante, Diego creyó enloquecer de ira pues su amada no lo había aguardado.
Pero se recompuso pues, en realidad, Isabel no había roto el acuerdo. El plazo ya había expirado. Decidió entonces ir en su busca a su nueva residencia y pedirle aquel beso que tanto había anhelado durante los largos y duros años de batallas. Se encaramó al balcón de la recién casada y la despertó para rogarle esta última prueba de amor. Pero Isabel no se sintió capaz de romper los votos que acababa de prometer y se lo negó. El rayo del rechazo fulminó el corazón de Diego, quien cayó muerto en ese mismo instante.
Según se dice, su extraña muerte conmocionó a toda la ciudad de tal manera que acudió en masa a los oficios por el alma de Diego. Isabel, desconsolada por haber perdido a su verdadero amor, se coló en el funeral para poder darle aquel beso que le había negado en vida. Se acercó al cuerpo sin vida de su amado y lo besó intensamente. Y en ese preciso instante, los allí presentes pudieron ver cómo ella caía muerta sobre el difunto.
Fue tal el impacto de los hechos acaecidos que las familias decidieron darles sepultura juntos para que no volvieran a separarse nunca más. Y de esta forma descansan hasta nuestros días. Los lugareños aseguran que esta historia no es ninguna tragedia pues el amor es quien sale victorioso. Después de todo, Isabel y Diego descansan juntos por la eternidad.
La Fundación de Teruel:
Una Leyenda de Valor y Fe
Otoño de 1171: Inicio de la fundación de Teruel. El Comienzo de una Historia
Corría el otoño del año 1171. Las tropas cristianas, lideradas por el rey Alfonso II, avanzaban implacables. Desde Cella, conocida como «la del Canal», se dirigieron hacia un lugar próximo a lo que hoy conocemos como la Villa Vieja, cerca de Teruel. Exhaustos tras largas jornadas de batalla, decidieron acampar y reponer fuerzas.
Esa noche, un mensajero irrumpió en el campamento con noticias urgentes. El rey debía marchar hacia otro lugar del reino. Antes de partir, Alfonso II advirtió a los nobles que lo acompañaban que no continuaran la campaña sin él. Sin embargo, la insistencia de dos valientes caballeros, Blasco Garcés de Marcilla y Sancho Sánchez Muñoz, logró que el monarca concediera un permiso especial: en ese territorio podrían fundar una nueva villa, siempre bajo su autoridad.
Una Señal del Cielo
Con el rey ya ausente, los nobles y sus tropas debatieron intensamente sobre el lugar más adecuado para fundar la villa. Al no llegar a un acuerdo, decidieron confiar en una señal celestial que indicara el sitio perfecto.
El destino interrumpió sus deliberaciones. Espías cristianos informaron que tropas musulmanas planeaban una emboscada. Los enemigos habían preparado una estrategia inusual: una manada de toros con materiales inflamables atados a sus astas. Al caer la noche, lanzaron a los animales contra el campamento cristiano, confiando en que la sorpresa y el caos les darían ventaja.
Pero los cristianos estaban listos. Arqueros, ballesteros y lanceros resistieron con valentía. La emboscada fracasó; los toros fueron dispersados y las tropas musulmanas, derrotadas.
El Toro y la Estrella: El Origen de Teruel
Al amanecer, el paisaje tras la batalla deparó un espectáculo asombroso. En lo alto de la Muela, a poca distancia del campamento, un toro de la manada enemiga se erguía majestuoso. Entre sus cuernos, brillaba un resplandor que recordaba a una estrella. Aunque probablemente fuera un resto de los materiales inflamables usados en la emboscada, para los cristianos aquello fue una clara señal divina.
Ese toro, iluminado en la Muela, marcó el lugar donde se fundaría la villa de Teruel. El toro y la estrella se convirtieron en los símbolos imperecederos de la ciudad.
El Portal de la Traición:
Una Leyenda Negra de Teruel
Una historia de miedo, guerra… y traición
¿Sabes que en Teruel hay una puerta con un nombre que pone los pelos de punta? Sí, se llama el Portal de la Traición, y no es solo un nombre pintoresco. Detrás de él hay una historia real, oscura y desgarradora que ocurrió allá por 1363, en plena Edad Media. Y lo peor es que todo comenzó por miedo… y terminó en traición.
Déjame contarte lo que pasó.
El juez que abrió la ciudad al enemigo
Durante la guerra entre Pedro I el Cruel (rey de Castilla) y Pedro IV el Ceremonioso (rey de Aragón), Teruel era un punto clave. Las tropas castellanas arrasaban todo a su paso: quemaron castillos, decapitaron nobles y pusieron sitio a la mismísima capital turolense.
Los vecinos, valientes como siempre, aguantaron nueve días de asedio detrás de las murallas. Nueve días de miedo, flechas, hambre, proyectiles de piedra y rezos. Pero entonces ocurrió lo impensable.
El juez de la ciudad —la persona que debía ser ejemplo de lealtad— no aguantó más. Temeroso de ser ejecutado, hizo un pacto a escondidas con el enemigo: si los dejaba entrar por una de las puertas, le perdonarían la vida… y su fortuna.
Y así, el 3 de mayo de 1363, el juez abrió la ciudad a escondidas por una puerta que, desde entonces, lleva el nombre del portal de la Traición.
El castigo del pueblo: el olvido eterno
Lo más triste no fue solo la traición. Fue ver al enemigo entrar sin gloria, sin batalla. Pedro el Cruel ni siquiera se atrevió a desfilar por la puerta principal, sabiendo que no había vencido con honor, sino gracias a un trato sucio.
Durante tres largos años, las tropas castellanas saquearon la ciudad, robaron sus tesoros y obligaron a los vecinos más ricos a entregar todo cuanto tenían. Cuando se marcharon, se llevaron hasta las banderas ganadas en antiguas batallas, guardadas en la iglesia de Santa María.
¿Y el juez traidor? Se fue con ellos. Pero los turolenses no se lo perdonaron. Aunque nunca pudieron atraparlo, borraron su nombre de todos los registros, documentos y crónicas oficiales. Su identidad se perdió para siempre, como castigo. No existe en la historia. Solo queda su huella maldita: el portal de la Traición.
Un nombre que aún pesa
Hoy en día, ese portal sigue ahí, como un recordatorio de lo que nunca debe repetirse. En Teruel, traicionar pesa. Tanto que el nombre del juez fue borrado de la memoria colectiva, pero su acto sigue grabado en piedra.
Y, créeme, cuando caminas cerca de ese lugar, aún se siente algo raro… como si la historia misma murmurara al oído.
¿Te atreverías a visitarlo?
LEYENDAS DE TERUEL RELACIONADAS CON EL CID
Cella: Zaida y Hernando, el caballero del Cid
Cuenta la leyenda, en Cella, cómo Zaida, hija del alcaide moro, era pretendida por Melek, hijo de Abú Merúan, rey de Albarracín, y por Hernando, conde de Abuán y uno de los caballeros del Cid. El padre de Zaida impuso unas condiciones a cada uno de los pretendientes para conceder la mano de su hija. Dado que necesitaban agua para sus riegos, a Melek le impuso llevar agua a través de un acueducto procedente de un río próximo al pueblo y a Hernando que la encontrase a través de la construcción de pozos. Hernando se adelantó a su rival y dio con un manantial de agua subterránea que dio origen a la fuente de Cella. El hallazgo alegró a Zaida, puesto que le permitía casarse con la persona que amaba. Se acercó al pozo recién acabado y, cogiendo agua con sus manos, le dio de beber a Hernando. Melek presenció el hecho y loco de celos se enfrentó a Hernando, provocando una pelea entre ambos. De manera fortuita, Melek murió. Su padre quiso vengar su muerte y contrató a un sicario que mató a Hernando, quien cayó muerto en el pozo que había construido. Zaida no pudo con la trágica pérdida y murió poco después. La leyenda afirma que cuando la luna llena se refleja sobre las aguas cristalinas de la fuente, la imagen de Zaida aparece sobre el agua dando de beber a su amado Hernando.
Bronchales: Durmiendo en la localidad
Tal y como recoge el Cantar, tras la conquista de Valencia, el Cid envío a más de un centenar de jinetes, junto a algunos de sus hombres de confianza, a buscar a Jimena y a sus hijas que, junto a Álvar Fáñez, esperaban en Medinaceli. La tradición oral cuenta que en el camino hacia Valencia la familia de Rodrigo pernoctó en Bronchales en una casa dentro del pueblo que aún conserva un arco de medio punto en la puerta. Mientras, las huestes del Cid durmieron en el lugar hoy conocido como la Fuente del Hierro y que algún autor ha llegado a denominar como la Fuente del Cid. La tradición también ubica en la ermita de Santa Bárbara una pequeña fortaleza o torreón que serviría a los hombres del Cid para establecer un puesto de vigilancia y así defenderse de posibles ataques.
El Poyo del Cid: la fuente de Berenguer
Bajando el cerro de San Esteban, lugar en el que varios estudiosos sitúan el campamento del Cid mencionado en el Cantar como El Poyo del Cid, se sitúa la fuente de Berenguer, un manantial donde la tradición ubica el lugar en el que el conde de Barcelona lavó sus heridas tras ser derrotado por el Cid.
La Iglesuela del Cid: La aparición del Apóstol Santiago
Cuenta la leyenda que estando el Cid extraviado por la zona y enfrentado en batalla desigual contra un ejército musulmán, una repentina aparición sorprendió a los combatientes cristianos: sobre la Peña del Morrón apareció, a lomos de un caballo blanco, el Apóstol Santiago que dio un gran salto desde la cima de la peña hasta la explanada en la que se desarrollaba la pelea. El salto fue de tal magnitud que el caballo dejó su huella marcada en la roca. Como era de prever la aparición dio un vuelco al combate, favoreciendo al bando cristiano. El caballero y el animal desparecieron tras la victoria, pero el Cid hizo levantar un peirón para conmemorar la victoria obtenida.
La Iglesuela del Cid: La Virgen del Cid
La devoción a la Virgen del Cid tiene su origen en la Edad Media, momento en el que acontece un hecho milagroso, ya que, según se cuenta, a un pastor se le apareció una imagen tallada de la Virgen justo en el lugar donde hoy se encuentra el santuario. Se cree que la talla de la Virgen estaría datada del siglo XII y se le dio el nombre de "el Cid", porque según cuenta la leyenda, Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador la visitó en numerosas ocasiones (suponemos que después de muerto).
Tramacastilla: El salto de Pero Gil
Según la tradición oral, cabalgando por la Sierra de Albarracín – y en concreto por la zona de Tramacastilla – Pero Gil, caballero del Cid, fue sorprendido por un contingente musulmán que empezó a perseguirle. Al llegar a un desfiladero – llamado Barrancohondo - se vio acorralado y tuvo que espolear a su caballo para saltar de un lado al otro del río. Por allí se escapó y parece ser que el ejército enemigo, sorprendido por la magnitud del salto, perdonó la persecución. La leyenda también cuenta que la huella del caballo quedó impresa en una roca.
Otras leyendas y tradiciones cidianas fuera del Camino del Cid
Calanda: "Pata de Caballo"
Cuenta la leyenda que el Cid - huyendo de los enemigos - tuvo que encaminarse a todo galope hacia Calanda. Su intención era vadear el río Guadalopillo. Sin embargo no podía cruzarlo, ya que, debido a las lluvias torrenciales, iba de crecida. Así pues, el Cid optó por espolear a su caballo, que dio un salto de un lado al otro del arroyo, dejando impresa en una roca la huella de sus herraduras. Esa roca es conocida como la Pata del Caballo. Los vecinos decidieron llamar a la calle que lleva a esa zona como Calle Puente Cid y hay un arco que la cruza denominado Arco del Cid, en alusión a la leyenda.
Fortanete: El Castillo del Cid
El Castillo del Cid es una fortificación de pequeñas dimensiones, denominada así porque, según la tradición, es muy probable que ya existiera en la época de las campañas del Cid durante el siglo XI. No obstante, su datación histórica es un enigma, pero por los restos constructivos de su interior y los escasos fragmentos cerámicos encontrados, podría tratarse de un castillo de época.
Fortanete: Otra huella de Babieca
En Fortanete, a poco más de 15 kilómetros de Cantavieja, también "existe" una huella del famoso caballo del Cid. En este caso, Babieca saltó una distancia de unos 7 kilómetros desde el denominado "Salto del Moro" hasta la "Eslizada", donde había dejado grabada su huella.
Griegos: La princesa enamorada del Cid
Según una leyenda local, una musulmana, hija de un rey moro de Albarracín, se enamoró perdidamente del Cid de tanto oír hablar de su valentía y sus proezas. Enterada del paso del Campeador por la zona, decidió salir a su encuentro para comunicarle su amor. Su padre, asustado de que cayera prisionera a manos de los cristianos, pidió a un mago que convirtiera a su hija en estrella. Éste accedió, pero introdujo una pequeña variación en el hechizo, ya que temía que el rey se arrepintiera de tan drástica decisión. Así, cada cien años, la joven adopta forma humana y aparece sentada, al lado de la Fuente de la Sielva, esperando a su amado (el Cid), mientras peina sus cabellos con un peine de oro y piedras preciosas.

